Qué son las arterias coronarias
De forma sencilla podríamos decir que el corazón está formado, en líneas generales, por cuatro componentes: las paredes y los tabiques formados en su mayor parte por músculo, las válvulas cardiacas, las arterias coronarias y el “sistema eléctrico” que lo hace funcionar. La función del corazón es bombear la sangre de forma ininterrumpida a todo el cuerpo y esa función la ejerce el músculo cardiaco. Para llevarla a cabo, el músculo necesita oxígeno que le llega a través de las arterias coronarias, coloquialmente conocidas como “las tuberías” del corazón.
Anatomía de las arterias coronarias
La sangre que bombea el corazón pasa, a través de la válvula aórtica abierta, a la aorta. En el origen de la aorta encontramos los ostium coronarios, dos orificios situados a la izquierda y a la derecha de la pared de la aorta. Del ostium izquierdo nace el tronco principal izquierdo que, tras un corto recorrido, se divide en la arteria descendente anterior y la circunfleja. Del ostium derecho nace la arteria coronaria derecha. Estas tres arterias coronarias principales, con sus ramificaciones, alcanzan la totalidad del miocardio. Este esquema general en ocasiones puede presentar variaciones que se consideran normales.

Si realizáramos un corte transversal a una arteria coronaria, podríamos apreciar las capas que forman su pared: una capa interna formada por células endoteliales, una capa media formada por músculo y fibras elásticas y una capa externa de tejido conectivo y fibras elásticas.

Qué problemas pueden presentar las arterias coronarias
Como hemos dicho, la función de las arterias coronarias es aportar al músculo cardiaco el oxígeno que necesita para realizar su función de bombeo. Todo aquello que dificulte o impida ese aporte, se considera enfermedad de las arterias coronarias. La principal patología que afecta a las arterias coronarias es la enfermedad aterosclerótica, por la que se forman placas de grasa en la pared interna de la arteria que, poco a poco, van reduciendo la luz de la misma, disminuyendo el flujo sanguíneo. Ese proceso de aterosclerosis, aparte de por la edad, se ve favorecido por los factores de riesgo cardiovascular clásicos (hipertensión, diabetes, hipercolesterolemia, tabaquismo, obesidad, sedentarismo, antecedentes familiares, enfermedades inflamatorias sistémicas…).
Junto con la aterosclerosis, son múltiples las causas que pueden provocar enfermedad de las arterias coronarias: anomalías congénitas en el nacimiento o el recorrido de las coronarias, vasoespasmo coronario, disección de la pared interna de la arteria, fenómenos embólicos…

Cómo se manifiesta la enfermedad coronaria
El síntoma principal de la enfermedad coronaria es la conocida como angina de pecho. La angina es el dolor que el paciente refiere en el pecho cuando hay un déficit de riego sanguíneo en el corazón. Podríamos decir que es la manera que tiene el corazón de manifestar el problema que sufre. La angina puede presentarse de dos maneras: como un problema crónico, que aparece siempre que realizamos un determinado esfuerzo y que cede con el reposo (angina estable) o de forma aguda, en reposo o con esfuerzos cada vez de menor intensidad (angina inestable). En este segundo caso, si la placa llega a ocluir por completo el flujo sanguíneo en la arteria coronaria, se produce el infarto agudo de miocardio.
Qué exploraciones conviene realizar a un paciente con sospecha de angina de pecho
Las características del dolor torácico pueden ser muy variadas, llegando en ocasiones a ser muy atípicas. Por ello, en el caso de sospecha de angina estable, se deben realizar otras exploraciones complementarias no invasivas para confirmar que el dolor realmente es de origen coronario: electrocardiograma en el momento del dolor, pruebas para desencadenar la angina de forma controlada (prueba de esfuerzo, ecocardiograma de esfuerzo, resonancia magnética de estrés…). Si la sospecha es de angina inestable, se requiere una atención urgente e ingreso hospitalario para completar el estudio y el tratamiento.
Puesto que la aterosclerosis es un proceso sistémico, que afecta a todo el cuerpo, una vez detectada en las arterias coronarias, conviene hacer una búsqueda activa de posible enfermedad en otros territorios vasculares, principalmente en las arterias que llevan la sangre al cerebro y a las extremidades inferiores.
En ocasiones, la angina de pecho puede ser debida a otras enfermedades del corazón como problemas de válvulas o enfermedades del miocardio, por lo que conviene descartar esas patologías con ECG, ecocardiograma de reposo, resonancia magnética cardiaca… Aparte de las enfermedades cardiacas, existen patologías no cardiacas (anemia severa, por ejemplo) que pueden desencadenar angina de pecho, por lo que es conveniente realizar una anamnesis completa y analítica general que ayude a detectar posibles causas extracardiacas del cuadro.
Cómo se trata la enfermedad coronaria
En primer lugar, hay que centrarse en el control de los factores de riesgo cardiovascular modificables e instaurar tratamiento farmacológico dirigido a controlar los síntomas y evitar la progresión de la enfermedad coronaria. Lógicamente, dicho tratamiento dependerá de la causa de la enfermedad (aterosclerosis, vasoespasmo coronario…). Si el paciente continúa con angina a pesar de la medicación o si en las exploraciones complementarias realizadas hay criterios de riesgo alto, se puede completar el estudio con un cateterismo para ver in situ las arterias y, si es técnicamente factible, tratar las zonas con placas significativas mediante una angioplastia coronaria. De esa forma conseguimos recuperar el flujo sanguíneo coronario normal. En ocasiones, dada la complejidad de la enfermedad coronaria, puede ser preciso solucionar el problema mediante cirugía cardiaca con puentes aortocoronarios.
¿Conviene llevar un seguimiento una vez resuelto el problema?
Dado que la aterosclerosis es un proceso sistémico progresivo, aunque hayamos solucionado el problema actual mediante una angioplastia o cirugía cardiaca, es necesario un tratamiento farmacológico crónico, así como el seguimiento periódico del paciente para asegurar el buen control de los factores de riesgo cardiovascular y la detección temprana de posibles recidivas de la enfermedad.
En caso de haber sufrido un infarto agudo de miocardio es posible que su corazón haya quedado dañado, con menos fuerza de bombeo o con afectación de alguna válvula cardiaca, lo cual puede desembocar en complicaciones como insuficiencia cardiaca y arritmias. En estos casos, es necesario el seguimiento en una consulta especializada. Además de esto, la participación en un programa de rehabilitación cardiaca puede aportar importantes beneficios en la mejoría de la capacidad funcional y en el pronóstico de vida.
Autor: Dr. Emilio Nasarre / Ilustrador: Manuel Álvarez
